Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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lunes, 31 de diciembre de 2012

Castellani por dentro (conferencia de S. Randle)

Esta ponencia fue expuesta en ocasión del Congreso de Homenaje al Padre Castellani en el Centenario de su Navimiento, que tuvo lugar en El Volcán (Provincia de San Luis), en el mes de mayo de 1999.

Agradecemos al autor el permiso para publicarla y al Whiskerer por hacérnosla llegar.


Castellani Por Dentro0001



lunes, 24 de diciembre de 2012

La suma de todos los misterios de la Fe


Cristo quiso nacer en la mayor pobreza, quiso hacernos ese obsequio a los pobres. 

La piedad cristiana se enternece sobre ese rasgo y hace muy bien; pero ese rasgo no es lo esencial de este misterio: no es “el misterio”. 

El misterio inconmensurable es que Dios “haya nacido”. 

Aunque hubiese nacido en el Palatino, en local de mármoles y cuna de seda, con la guardia pretoriana rindiendo honores, y Augusto postrado ante El, el misterio era el mismo. 

El Dios invisible e incorpóreo, que no cabe en el universo, tomó cuerpo y alma de hombre, y apareció entre los hombres, lleno de gracia y de verdad: ése es el misterio de la Encarnación, la suma de todos los misterios de la fe.

De El Evangelio de Jesucristo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Fin del mundo?




Tengo miedo de los grandes castigos colectivos que amenazan nuestros crímenes colectivos. 
Este país está dormido, y no veo quién lo despierte. 
Este país está engañado, y no veo quién lo desengañe. 
Este país está postrado, y no se ve quién va a levantarlo.

Pero este país todavía no ha renegado de Cristo; y sabemos por tanto que hay alguien capaz de levantarlo. 

Preparémonos a su Venida y apresuremos su Venida. 

Podemos ser soldados de un gran Rey; nuestras pobres efímeras vidas pueden unirse a algo grande, algo triunfal, algo absoluto. Arranquemos de ellas el egoísmo, la molicie, la mezquindad de nuestros pequeños caprichos, ambiciones y fines particulares. 

El que pueda hacer caridad, que se sacrifique por su prójimo, o solo, o en su parroquia, o en las Sociedades Vicentinas... El que pueda hacer apostolado, que ayude a Nuestro Cristo Rey en la Acción Católica o en las Congregaciones… El que pueda enseñar, que enseñe, y el que pueda quebrantar la iniquidad, que la golpee y que la persiga, aunque sea con riesgo de la vida.

Y para eso, purifiquemos cada uno de faltas y de errores nuestra vida. Acudamos a la Inmaculada Madre de Dios, Reina de los Ángeles y de los hombres, para que se digne elegirnos para militar con Cristo, no solamente ofreciendo todas nuestras personas al trabajo, como decía el capitán Ignacio de Loyola, sino también para distinguirnos y señalarnos en esa misma campaña del Reino de Dios contra las fuerzas del Mal, campaña que es el eje de la historia del mundo, sabiendo que nuestro Rey es invencible, que su Reino no tendrá fin, que su triunfo y Venida no está lejos y que su recompensa supera todas las vanidades de este mundo, y más todavía, todo cuanto el ojo vio, el oído oyó y la mente humana pudo soñar de hermoso y de glorioso.



jueves, 20 de diciembre de 2012

Carta de Castellani a Marechal


Amablemente, nuestros colaboradores y amigos "Jack Tollers" y "Whiskerer" nos señalaron el siguiente enlace en el sitio en internet de la Fundación Leopoldo Marechal, conteniendo un facsímil de la carta manuscrita del Padre Leonardo Castellani a Leopoldo Marechal del 1º de noviembre de 1949, con motivo de la primera edición (Buenos Aires: Sudamericana, 1948) de la novela de este último Adán Buenosayreshttp://www.marechal.org.ar/CastellaniMarechal.pdf

Ya antes habíamos transcripto lo que era parte de esta carta, tomado de una de las ediciones de Adán Buenosayres, pero ahora se puede apreciar la letra manuscrita del Padre y leer la epístola completa.

Por si se llegara a perder el enlace o el sitio de la Fundación Leopoldo Marechal, subimos el documento a Scribd.

Castellani Marechal

martes, 18 de diciembre de 2012

Belleza, fealdad y poesía


El ver lo que está feo lo padezco
de nacimiento, y eso no se quita.
Y así como lo hermoso me enajena
confieso que lo necio me asesina.

Es el don doloroso del poeta
su doble percepción y doble vista.
El que ve la belleza ve lo feo
y es triste. Mas, cantado, es poesía.

viernes, 14 de diciembre de 2012

El lobo y el cordero








El Lobo y el Cordero


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Apenas hubo el rubicundo Apolo proyectado sobre la faz de la tierra su tórrido barniz fosforescente y policromado, y las canoras y pintadas avecillas, empezando por los gorriones y acabando por las campanas de los conventos, elevado a la gloria del amanecer sus armoniosos trinos, con la utilidad subsidiaria de despertar a destiempo a los vecinos, cuando llevaron al nuevo Gobernador, el cual había dormido regular no más, al Salón de las Poéticas Expresiones, para hacer un poco descanso dominical.
Pero, no bien se hubo sentado Sancho Primero el Único en su trono, se oyó en las puertas de bronce un infernal pataleo y entraron al inmenso recinto -uno a grandes brincos caminando de espaldas, y otro resbalando suavemente por el bruñido y resplendente mármol- dos especies de bichos de ignota catadura.


[Seguir leyendo]

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Verdad: amor y peligro


Porque de todas las cosas que 
se pueden amar con exceso en esta vida, 
la menos peligrosa es la verdad; 
y la más peligrosa al mismo tiempo.


lunes, 10 de diciembre de 2012

"La Argentina ha sido gobernada por masones"


Fragmentos de una carta del P. Castellani al Pbro. Virgilio Filippo, introducción del libro Imperialismos y Masonería de este último (Buenos Aires: Organización San José, 1967).

[Tomado del bloc de notas Autores católicos argentinos.]

El Padre Virgilio M. Filippo (1896-1969) fue ordenado sacerdote en 1922. Era presbítero del clero secular de Buenos Aires. Durante un tiempo ofició como cura de San Antonio, en el barrio de Villa Devoto, de la Ciudad de Buenos Aires; pero por décadas fue párroco de la Inmaculada Concepción del barrio de Belgrano, popularmente conocida como "la Redonda". Además, se hizo muy conocido por sus disertaciones que transmitía todos los domingos al mediodía desde Radio París. Amigo y colaborador de Eva Duarte de Perón, fue diputado por el Partido Peronista en el período 1948-1952. Confortó a "Evita" en su período agonizante y presidió su Misa de réquiem. Era extremadamente popular entre su feligresía en la Redonda y el velatorio de sus restos mortales fue concurridísimo. Fue autor de La religión en la escuela primaria, El Plan Quinquenal, Perón y el comunismo, El reinado de satanás, Confabulación contra la Argentina, Imperialismo y masonería, Ciencia, milagros y convertidos, Marcha hacia la fe, Sistemas genialmente antisociales, y muchos otros títulos.




114029870 Carta Del r p Leonardo Castellani Al r p Virgilio Filippo


martes, 4 de diciembre de 2012

Vuelta de Obligado



Fotografía de un acto en celebración de la batalla de la Vuelta de Obligado, reproducida en el libro de Juan Luis Gallardo, De Memoria Nomás: Recuerdos políticamente incorrectos (La Plata: Universidad Católica de La Plata, 2011), sin indicación de fecha.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Periodismo y catolicismo


Realmente, para nosotros sería mejor no se metieran con la Iglesia, la cual no entienden. 

Pero se regodean metiéndose, sobre todo si creen que ella anda mal. 

En fin, no se puede evitar, es el periodismo actual.

P. Leonardo Castellani e.u., "Directorial", Jauja nº 29 (mayo de 1969).


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Humanidades


Presentación-prólogo del P. Castellani al libro "La Universidad y la Nación: Tres disertaciones" de Carlos A. Disandro (La Plata: 1965). Gentileza de Martin Ellingham.

Di Sandro

martes, 20 de noviembre de 2012

lunes, 19 de noviembre de 2012

Castellani en la Biblioteca Nacional


La Biblioteca Nacional de la República Argentina ha reproducido en Abanico: Revista de Letras un cuento del Padre Castellani: "El caso de Ada Terry" (originalmente aparecido en Las muertes del Padre Metri, con el seudónimo Jerónimo del Rey), según la edición recopilada por Jorge Lafforgue en Cuentos policiales argentinos (Buenos Aires: Alfaguara, 1997).

En el sitio en internet de la Biblioteca Nacional puede encontrarse la presentación biográfica y el texto del cuento.


viernes, 16 de noviembre de 2012

jueves, 15 de noviembre de 2012

Amor a la verdad


Porque de todas las cosas que se pueden amar con exceso en esta vida,
la menos peligrosa es la verdad;
y la más peligrosa al mismo tiempo.


viernes, 9 de noviembre de 2012

"Tercer Mundo"


El 15 de agosto de 1967, un grupo de dieciocho obispos del llamado “tercer mundo” (o “países no alineados”), en su mayoría brasileños y franceses, produce un Mensaje, que “prolonga y adapta la encíclica Populorum Progressio” del Papa Pablo VI. Entre otras cosas, el famoso mensaje decía que “los cristianos tienen el deber de mostrar que el verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes y la igualdad fundamental de todos. Lejos de contrariarnos con él [el socialismo] sepamos adherirnos con alegría, como a una forma de vida social mejor adaptada a nuestro tiempo y más conforme con el espíritu del Evangelio.”

En la Argentina, monseñor Alberto Devoto, entonces obispo de Goya (Corrientes), entrega una copia del original en francés al Pbro. Miguel Ramondetti, amigo suyo que se encontraba de misión en Goya, para que traduzca el texto y lo envíe a todos los obispados del país.

De regreso en la diócesis de Avellaneda en la que estaba incardinado, el P. Ramondetti se reúne con los sacerdotes Rodolfo Ricciardelli y André Lanzón, y comienzan la traducción y difusión del Mensaje. Pronto se reciben adhesiones de tres centenares de sacerdotes de casi todas las diócesis argentinas y en varias ciudades se realizan asambleas para discutir el texto.

En abril del año siguiente, un Comité Organizador, con el patrocinio de D. Helder Câmara (arzobispo de Olinda y Recife, Pernambuco, Brasil), convoca a los sacerdotes adheridos a un Encuentro de Responsables Zonales. Esta reunión tendrá lugar el 1º y 2 de mayo en el Hogar Sacerdotal de Villa Manuel (Córdoba), asistiendo veintiún sacerdotes en representación de trece diócesis y quedando constituido el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo —con un secretario general (Ramondetti), un secretariado triunviro (Ricciardelli, Héctor Botán y Jorge Vernazza), coordinadores zonales y delegados representantes ante los obispos diocesanos—. En esta ocasión, se emite un documento sobre La violencia en América Latina, llamando a “no confundir la violencia injusta de los opresores que sostienen este nefasto sistema, con la justa violencia de los oprimidos, que se ven obligados a recurrir a ella, para buscar su liberación”.

El documento en cuestión será remitido posteriormente a los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín, adjuntado 432 firmas de sacerdotes argentinos. Van a adherir, además, doscientos sacerdotes brasileños, casi cien uruguayos y cincuenta bolivianos.

En un primer momento, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) publicará sus documentos en la revista Cristianismo y Revolución, y editará, posteriormente, un boletín, Enlace, dirigido por el Pbro. Alberto Carbone, del arzobispado de Buenos Aires. Y también organizará encuentros nacionales anuales, muy concurridos y comentados.

Además de los encuentros y publicaciones, el MSTM llevará a cabo algunas acciones que causarán gran revuelo como la manifestación de sacerdotes frente a la Casa de Gobierno en Buenos Aires, la supresión de las misas de Nochebuena, el apoyo al “Plan de Lucha” de la Confederación General del Trabajo (CGT), la correspondencia con Perón, etc.

En julio de 1970, el P. Castellani publicará en el periódico Tiempo Político la nota “Tercer Mundo” que aquí ponemos gracias al Whiskerer. (Esta nota será reproducida en el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca y recopilada en los libros La Quimera del Progresismo -con obras de otros autores- y en Notas a Caballo de un País en Crisis -editado junto a Crítica Literaria-.)

El MSTM se diluirá tras el VI (y último) Encuentro Nacional en Córdoba en agosto de 1973, por diferencias en cuanto a la obediencia debida a Perón, al tipo de apoyo a dar a los grupos armados vinculados al Movimiento, a la cuestión de la “religiosidad popular” y a la integración formal o no de los “curas casados” en dicho grupo.

En la nota que reproducimos, el Padre Castellani se refiere principalmente a las "Reflexiones Teológicas", autoría del Pbro. Lucio Gera (profesor del Seminario Arquidiocesano de Buenos Aires), que acompañaban una recopilación de documentos que fue publicada por el Movimiento con el título Sacerdotes para el Tercer Mundo en 1970.

Leonardo Castellani, "Tercer Mundo"

jueves, 8 de noviembre de 2012

Almuerzo de escritores con el Presidente


Ya varias veces nos hemos referido a este evento (por ejemplo, aquí).

Nuevamente, gracias a la generosidad de Whiskerer, dejamos a continuación un recorte del diario La Prensa publicado al día siguiente.

Presidente recibió a un grupo de escritores



lunes, 5 de noviembre de 2012

"Sacerdote y soldado de Dios y de la Patria"

Seguimos con el tesoro que amablemente Whiskerer comparte con nosotros. 

En esta oportunidad, se trata de un artículo de la sección "Apóstoles" de la revista Patria Bárbara, año I, nº 5 (1ª quincena, diciembre de 1964).

La revista Patria Bárbara tendrá un intenerario bastante curioso desde el peronismo nacionalista a mediados de los '60, al peronismo de "extrema izquierda" (Patria Bárbara Revista Peronista de Izquierda era su nombre en este otro tiempo; llegando a ser en algún momento una de las publicaciones oficiales de Montoneros para 1973). Además de los temas nacionales y peronistas, la revista se preocupaba mucho por los movimientos de liberación nacional, especialmente en Medio Oriente. Entre sus redactores y colaboradores, estuvieron el P. Virgilio Filippo, el periodista Raúl Jassen y el militante palestino Ismael Hayek.

Leonardo Castellani: Sacerdote y soldado de Dios y de la Patria


miércoles, 31 de octubre de 2012

Juan Manuel de Prada y Leonardo Castellani




ALBERTO ESTELLA 

Los intelectuales son con frecuencia cobardes. Entre ellos suele alzarse históricamente alguna voz en el desierto, clamando por una idea, criticando una costumbre social, exigiendo una actitud ética. Eso fue Unamuno, un intelectual comprometido, insobornable para los políticos, honrado en sus creencias. Si no fuera bastante con sus polémicas intervenciones orales, o sus pendencieros artículos de prensa, bastaría recordar "Contra esto y aquello", en que empieza defendiéndose de las críticas en Chile por un libro que reconoce "embestí sin compasión", y concluye previniendo a los lectores, que Dios les librara de chocar con un literato, un "ebanista de la prosa barnizada". Una actitud análoga adoptó el teólogo argentino Leonardo Castellani, al que Juan Manuel de Prada, que ayer dio una lección magistral en el ciclo unamuniano del Casino, llama el Chesterton de la lengua española. Sus polémicos escritos los editó el joven y laureado escritor zamorano (perdón por el tópico), bajo el expresivo título "Como sobrevivir intelectualmente al Siglo XXI". 


Como aprendiz aventajado de uno y otro, y mucha vida por delante para alcanzarlos, Juan Manuel de Prada no solo ha escrito novelas o ensayos, y dirige el excelente programa de Intereconomía "Lágrimas en la lluvia", sino que ha bregado intelectualmente en todos los medios, entre otras cosas, en defensa de sus convicciones, porque como dijo de si mismo Castellani, Prada es "contagiosamente católico", y yo añadiría que ejemplarmente íntegro.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA


viernes, 26 de octubre de 2012

"Dios es argentino, cuando no lo cansan demasiado"


Para el fin de semana, les dejamos otra joya del Whiskerer: la primera parte de la entrevista que le hiciera al Padre Castellani el periodista Rodolfo E. Braceli, para el semanario Siete Días en 1981.

Se puede leer bien del original, pero si es necesario, la transcripción de esta entrevista está disponible hace tiempo en la web de Stat Veritas.

El autor de la entrevista, Rodolfo Braceli [aquí en una foto junto al Padre], tiene su sitio web: http://rodolfobraceli.com.ar. Además, ha republicado la entrevista, junto con muchas otras realizadas a lo largo de su carrera, en el libro Caras, caritas y caretas: Biblia, calefón y golosinas surtidas: 50 personajes de la Argentina: Modelo para armar: Entrevistas periodísticas (dos ediciones, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996).


Vida de Leonardo Castellani, "Peleó con todos, menos con Dios"


jueves, 25 de octubre de 2012

Reliquias castellanianas

Seguimos con los "tesoros" que el amigo Whiskerer ha querido compartir con todos nosotros.

A continuación el folleto de unas conferencias:

Folleto Conferencias: "La profecía y el fin de los tiempos"

Gracias a la desinteresada labor de Jack Tollers se puede descargar el texto de la desgrabación de dichas conferencias en Word o PDF.


lunes, 22 de octubre de 2012

"¿Lo más urgente?, conseguir la estabilidad política, reestructurar políticamente el país."


Gracias a la enorme gentileza de Whiskerer, compartimos a continuación el reportaje que le hiciera Alfredo Bettanín al Padre Leonardo Castellani para la revista Qué, propiedad de Rogelio Frigerio, año V, nº 193, 5 de agosto de 1958.

Alfredo Bettanín (1920-1974), autor de la ilustración también, fue pintor y dibujante, a cargo de la ilustración de diarios y revistas como Primera Plana. También fue escenógrafo, guionista y director de cine. Además de militante peronista. 

Comprovinciano y amigo del Padre (nacido en San Javier, Prov. de Santa Fe), Bettanín bautizaría a su hijo mayor (nacido en 1945) con el nombre de Leonardo en honor del sacerdote. Este Leonardo Bettanín, dirigente de Montoneros, grupo guerrillero al que también pertenecieron otros hijos del dibujante, murió, junto a su hermana Cristina, en un enfrentamiento con la policía santafesina en 1977 (o desapareció, según otras versiones, y luego fue fusilado de forma clandestina).

Reportaje a Castellani "¿Lo más urgente?, conseguir la estabilidad política, reestructurar polític...


jueves, 18 de octubre de 2012

Plagio



Por Descendencia de Ioreth (y alguna metida de mano whiskereniana)

Nos es lícito plagiar a Castellani
Como los alumnos remedan al maestro bueno en sus discusiones de fin de semana
Y por eso, de unos versos suyos sacamos estos versos nuestros.
Versos argentinos.
Versos a esta Dulcinea Argentina que ya se nos muestra sin afeites, en toda su decadencia, pero que seguimos queriendo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La tortuga




No te rías, oh Dios fuerte, de mis esfuerzos frustrados, porque hay una voluntad tristemente terca que gime a Tí desde el fondo de mi impotencia.

Te voy a poner un ejemplo.

Una vez, oh Dios infinitamente grande que estás aquí presente, pesqué una tortuga en el río Salado y la llevé para casa. La tortuga quería escapar y volverse al río patrio, lo cual manifestó sacando una pata por un agujero de la bolsa en que venía y rasguñando la barriga del bayo, que se llevó muchos rebencazos acompañados del tratamiento de "mancarrón imbécil" por pegar cimbrones bruscos a la zurda como si lo espoleasen con nazarenas, siendo así que yo ni siquiera lo taloneaba. Y era la tortuga que quería escapar.

Le di por jaula un cajón de kerosén bocarriba. La tortuga se arrimó contra la pared, se levantó en dos patas, se fue de espaldas, estuvo manoteando un rato para incorporarse y después volvió con el mismo resultado a la tentativa de trepar las tablas. Yo me fui a dormir seguro. ¡Y al otro día, sin tener alas de pájaro ni patas de liebre, la tortuga se había escapado y estaba en el río! ¿Cómo hizo? Cómo hizo para escaparse lo sabes tú, Dios mío, yo no lo sé. Lo que yo sé es que aquí está en el suelo el rastro de las zampas torpes en la tierra húmeda de lluvia, el rastrito de las uñas chuecas que agarra derechito sin un solo sesgo la dirección del río.

Yo supongo que el animal testarudo intentó uno o dos centenares de veces trepar la pared de tablas. Que en una de esas afirmó en una irregularidad de la madera y se alzó unos centímetros. Que se cayó. Que volvió a afirmarse y a caerse una punta de veces. Y que en otra de esas, por otra casualidad, topó con las uñas otra cornisa más arriba, alcanzó con la cabeza el borde y después con una zampa y luego con la otra se izó torpemente, superó la barrera, se dejó caer al otro lado como un ladrillo, y agarró al galope la dirección del agua, oliéndola como un perro huele la querencia. Yo no sé. El caso es que milagro no ha sido y la tortuga ahora está en el río.

Por lo tanto Dios hombre que te hiciste carne siendo espiritual,
Yo te juro con todos los recursos de mi natura racional-animal,
Ya que patas de liebre no tengo y las alas quebradas me duelen tanto,
Yo te juro que yo me haré santo.
Que saldré algún día -no sé cómo- del cajón oprimente
En que doy vueltas en redondo y tropiezo continuamente
"Padre, propongo no hacerlo más", y mañana lo hago tranquilamente.
Pero setenta veces siete aunque tuviera que levantarme
Y aunque tuviera línea por línea milimétricamente que arrastrarme
Y yo sé que el diablo es fuerte, pero yo soy más terco y más cabezudo
Y yo sé que el diablo es diablo, pero la oración es mi escudo;
Y es malo, pero Tú sólo puedes sacar bien del mal
-Con tal que no me dejes nunca caer en pecado mortal-.
Yo te juro que saldré con tu gracia del cajón desesperadamente
Que andaré de las virtudes iluminativas el camino rampante
Y me hundiré en el río de la contemplación
Con una terca, de tortuga, tosca y humilde obstinación.

lunes, 15 de octubre de 2012

Oración a Santa Teresa





Yo trabajo, Teresa, y tú con este
trabajo mío, teje la victoria
piedra filosofal, Circe celeste
haz oro de mi escoria.

Si es verdad que Él nació, vistió mi veste
mortal, penó por ti, nos dio su gloria;
antes que acabe mi mortal historia
¡ay! hagamos por Él algo que cueste...

Teresa de Jesús ... hermana mía...
no merezco llamarme de Cepeda,
sé por lo menos mi adoptiva tía.

Y en ésta de la vida extraña rueda
sé tú la espola de la hilandería
y yo el gusano lánguido de seda ...

Y trabajemos mientras es de día
yo todo. . . casi todo lo que pueda
y todo lo demás, su señoría...


jueves, 11 de octubre de 2012

Miedo y cobardía


Debo decir algo sobre los malos soldados del Rey Cristo, es decir, los cristianos cobardes. 

Nada aborrece tanto a un Rey como la cobardía de sus soldados; si sus soldados son cobardes, el Rey está listo. 

No hacen honor al Rey Cristo los cristianos que tienen un especie de complejo de inferioridad de ser cristianos.

...

Para que Cristo sea realmente Rey, por lo menos en nosotros, hemos de vencer el miedo, la cobardía, la pusilanimidad; no ser ‘hombres para poco’, como decía Santa Teresa, y ¡pobre de aquél a quien ella se lo aplicaba! 

¿Y cómo podemos vencer al miedo? ¡El miedo es un gigante! 

‘¿Os olvidasteis que Yo estaba con vosotros?’.


Domingueras prédicas

"Cristo Rey" de Juan Ballester Peña


viernes, 5 de octubre de 2012

Los Castellani de Florencia: Michele Castellani




Tras un largo interregno, regresamos con la serie “Los Castellani de Florencia”, para comprender mejor, quizá, al Padre.

Iluminación del Specchio Umano,
obra de Domenico Lenzi, llamado "il Biadaiuolo"

Michele, hijo de Vanni, nieto de ser Lotto Castellani, nació probablemente en Florencia en la primera mitad del siglo XIV. Era hermano de Lotto di Vanni Castellani, también personaje histórico notorio.

En 1360 fue electo Prior del quartier de Santa Croce.

De su fortuna habla el hecho de que el 26/XI/1361 estuvo entre los diez ciudadanos florentinos que se obligaron a pagar personalmente la suma de 5000 florines de oro al obispo Andrea de Rímini, recaudador del Papa, para que éste levantara el interdicto y la excomunión que pesaban sobre Florencia.

El 2/VIII/1363 fue electo por un año como miembro de los Otto della Guerra —magistratura florentina encargada de dirigir los asuntos bélicos— y el 19/IX fue, con messer Pandolfo Malatesta, otro de los Otto —en ese tiempo con una condotta de Florencia—, designado Capitano della Gente di Guerra di Firenze.

Entre I y II/1365, fue Gonfalonier de Justicia, y el 26/IV fue embajador ante la Comuna de San Miniato.

El 7/X partió como Embajador a Siena para negociar con los emisarios del Papa, la Reina de Nápoles y de otras potencias, la expulsión de Italia de las Compañías de Ultramontanos, los gremios que protegían a los extranjeros.

En 1367 estuvo en la comitiva florentina que fue hasta Viterbo para agradecer al Papa su regreso a Italia.

En IX y X/1371, fue nuevamente Gonfalonier de Justicia.

En 1376 fue enviado a Avignon como embajador ante Gregorio XI y nuevamente al año siguiente para negociar la paz con la Iglesia y obtener el levantamiento del interdicto que pesaba nuevamente sobre Florencia.

En 1378 fue uno de los capitanes güelfos que se opuso al partido popular en Florencia y, como consecuencia de ello, el 20/VII, cuando éstos tomaron el poder, perdió todos sus cargos públicos.

La revuelta de los Ciompi (Florencia, 1378)
Durante la revuelta de los Ciompi —el gremio de los cardadores de lana—, su casa, ubicada en Lungarno, entre el Castello Altrafonte y el Ponte Vecchio, fue saqueda e incendiada.

En 1381 estuvo entre los 52 ciudadanos florentinos encargados de reformar el gobierno, junto a los priores de los barrios y las corporaciones.

En premio por su trabajo en esta “pacificación”, se le ofeció ser creado caballero, pero rehusándose pasó la dignidad a su hijo Vanni.

En plena actividad política lo encontró la muerte en 1383 a causa de la peste negra.

martes, 2 de octubre de 2012

El caballo con alas


Por Leonardo Castellani
Relato incluido en "Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas".

[Es —al parecer— una recreación o versión libre de un texto de Hilaire Belloc: "On a Winged Horse and the Exile who Rode him".]

La primera guerra extranjera que tuvo la Argentina fue una derrota —aunque los vivachos argentinos la han convertido en una "victoria contra la tiranía"; todos los días lo dicen por radio, y yo vivo en la calle que conmemora esa derrota-victoria (¡como para olvidarla!)—; la segunda guerra extranjera que tuvo fue una iniquidad y una estupidez. Después no tuvo más guerras extranjeras, por suerte. No cuento la "victoria paralítica" de Ituzaingó, porque aquélla no fue guerra.

Este país, que no ha dado nada hermoso al mundo, que está ahora ulcerado de ignominias, que traga ignominia y vergüenza como si fuera agua, que no reacciona por ganar dinerillos —que después se los quitan— al proceso de cretinización a que está sometida, me duele. Yo no tengo más remedio que haber nacido aquí y salir no puedo, sin contar que he hecho un voto a Dios de no salir; y la necesidad, la charlatanería y la sordidez son como un baño de ácido sulfúrico en mi piel.

Así que no tengo más remedio que aislarme. Yo no sé cuánto voy a vivir todavía, pero el médico dice "mucho"; según él, tengo malos nervios pero buenas arterias; de modo que mi vida va a ser mala pero larga. La peor enfermedad que existe es la vejez; pero es una enfermedad que todos desean.

Lo único que me sostiene es un encuentro que tuve en el año..., bueno, hace muchos años; si fijo fecha van a pretender que miento.

Estaba junto a una laguna en el sur de Buenos Aires. En las costas del Salado: una laguna cubierta de juncos y yuyales, que no sirve para pescar aunque hay muchos sábalos; que no sirve para cazar aunque hay patos; no sirve para navegar; y no sirve para plantar arroz.

Ni para verla sirve.

A mi lado estaba suelto mi caballo Monstruo. Relinchó.

Había al lado otro caballo blanco que un hombre vestido de tela sucia, botas finas y sombrero negro traía de la rienda.

Era un caballo como en mi vida he visto: parecía tener la fuerza de un frisón con la esbeltez de un árabe; tenía la crin casi hasta los cascos, los ojos enormes parecían un poco maliciosos; un gesto como de un hombre que ha visto cuanto hay que ver en el mundo y no se la pega nadie. Le hablé al animal, sin darme cuenta de lo que hacía.

—¡Oh flete! —le dije— aquí no hay nada, ¿qué andás buscando?

El flete hizo una sonrisa con el belfo. El hombre dijo:

—Entiende pero no habla. Hablo yo por él.

Era un petisón medio viejón, barba gris; me pareció haberlo visto en algún lado y más de una vez, pero más joven. Le dije:

—Discúlpeme si le hablo sin que nos hayan presentado, pero estamos en el mediolcampo; ¿usté no es por casualidad el que arregla los teléfonos en Buenos Aires?

Se rió y dijo:

—Otras cosas hay que arreglar primero.
—¿Y usté las va a arreglar?
—Mi caballo —dijo él—. Mi caballo vuela. Si acaso, las va a arreglar él. No sé si podrá.

Los criollos son medio bromistas y hay algunos locos.

—Me voy a presentar: yo soy escritor o algo así, y me llamo Pablo Venancio Borges.

El viejo rió en su barba:

—Yo acabo de decir una mentira, ahí en el boliche del Turco me preguntaron mi nombre y dije el primero que me vino. Pero esto que le dije de mi caballo no es mentira del todo, ¿eh, Rohanel?

El caballo estaba plantado con las delanteras abiertas, oliendo el aire; el mío pastaba.

—Aquí —continuó el viejo— al otro lao, sobre esa lomita del ombú, fue la batalla del Cainil contra los indios: Rosas los arrojó a la laguna, simplemente. Aquí me cortaron la quijada de un lanzazo, por eso llevo barba. También estuve con San Martín...

—¿Y con Juan de Garay? —le pregunté.

—Llegué tarde. Ya se habían repartido todos los terrenos —respondió muy serio.

—¿No se llamará usted Rodrigo de Triana, por un acaso? ¿Con Colón no anduvo?

—Aquellos españoles —continuó él— eran bravos y bastante rudos; pero no era mala gente. Lástima los echaron demasiado pronto.

—Y fue San Martín el que los echó —le retruqué.

—No crea, amigo. Mucho antes comenzó la cosa. Cuándo, no se lo podré decir. Pero ahora ya eso es agua pasada, como la famosa "Reconquista" contra los moros, que fue cosa grande. Yo conocí al Cid Campeador. También a San Fernando Rey, que era así como yo más o menos de alzada y bastante feo el pobre.

—¿Usted trabaja aquí, en el Reposo?

—Trabajé —dijo—. Tuve que salir a causa de la malevosía de un comisario. Anduve con los indios un tiempo.

—¿Y ahora?

—No tengo ni una tapera —dijo—. No trabajo más. Enseño a la gente a vivir bien. Y gano carreras.

—¿Enseña a la gente a vivir sin trabajar?

—Vendo cantares —rezongó—. El oficio más excelente que hay en el mundo es hacer cantares; y el segundo, es cantarlos, con tal que sean buenos. Y además, doy buen ejemplo. Jesucristo no hizo otra cosa.

Sin darme cuenta me había puesto a discutir con un loco, que era gracioso. Entonces sonó un tiro de escopeta y un verdadero nubarrón de patos se alzó sobre el lugar y la laguna se pobló de gritos. Solamente entonces me percaté del extremo silencio que nos había rodeado. Miré mi matungo, que ni siquiera había oído el tiro; el otro caballo había desaparecido.

—Dígame un cantar —le dije al hombre.

—Desde la madrugada ando haciendo uno; y todavía no tengo más que cinco versos...

—¡Uno antiguo!

—Aquí va:

"Almita, blanducha, loquincha
traslúcida, trépida, cálida
socia y sostén del cuerpo
¿adónde irás hora luego?
Desnudilla, tímida y pálida
terminóse ya tu juego".

—Éste lo hizo Martín Fierro —concluyó.

—No sea loco —le dije—. Eso lo hizo el emperador Adriano Elio cuando estaba por morir:

"Animula, vagula, blandula
hospes comesque corporis
¿quae nunc abilis in loca?
Pallídula, rígida, núdula ...
Nec ut soles dabis jocos".

Dicen que el último verso es flojo. Ninguno hasta hoy ha podido traducirlo bien; y los ingleses han hecho más de cien traducciones al inglés. Conozco uno de memoria, de Lord Byron nada menos:

"Ah! gentle fleeting wavering sprite
Friend and associate of this clay
To what unknown region borne
Will thou now wing thy distant flight?
No more, with wonted humour gay
But pallid, cheerless and forlorn... ".

—Eso lo hizo Adriano, español del Sur nacido en Itálica, o sea en Sevilla, el mayor emperador romano.

—Y bueno —dijo él—. Será.

—El mayor en cierto sentido. Tuvo los tres vicios paganos: fue orgulloso, cruel y libertino.

—Y bueno —dijo él.

—¿Me va'a decir que usted también anduvo con Elio Adriano?

—Mi caballo —dijo él, indicando a la derecha con la barbilla.

—¿Dónde anda, a esta hora?

—Ya volverá —dijo—. Vuelve solo. Bueno: el verso que andaba hoy haciendo dice así:

Salve, país del Plata y de la plata
Vanilocuo bastardo y botarate
Donde la carne y la gloria es barata
Mitre es un héroe, Mármol es un vate.
Salve, país donde la gloria en lata...

—Ese verso es flojo —le dije.

—Justamente —ripostó— por eso no pude seguir. ¿Qué consonante hay de plata?

—¡Mata! —le dije.

—Muy bien. ¿Mata verbo o mata sustancia?

—Los dos si a mano viene.

—Pero éste es mejor dejarlo para el final. Pienso decir al final que el ombú no es un árbol, es una mata; pero se cree árbol. Es el símbolo nacional de la Argentina. Es un yuyo megalómano —y miró al ombú de la lejanía—. Se cree árbol y es mata.

—Sabe mucho usted para ser tropero. Se ve que ha hecho de todo, hasta de mestrescuela, como todos nosotros. Pero ese cantar que está haciendo es contra la patria.

—¿Y de áhi? ¿Qué estaba haciendo usted, sentao en ese tronco cuando yo llegué? ¿No estaba maldiciendo la patria?

Me espantó, porque realmente no sé cómo lo pudo saber. El caballo estaba otra vez a su lado, y me miraba; y realmente tenía los ojos con malicia, un poco tristones.

—Yo maldigo lo que Ellos llaman "patria" —objeté— que está plagada de ignominia. Fíjese, me acaban de echar de mi cátedra y otro empleíto que tenía, y que cumplía. ¿No es una ignominia? Siete veces ya me han echado, que ellos llaman exonerado, y el primero que me echó fue el arzobispo de Buenos Aires; y eso, por un antojo.

—Bah —dijo él—, ésa no es una ignominia mayor. Más me han echao a mí; y del mundo me echarían si pudieran. Me han corrido de todas partes, de la Escuela, del Trabajo y de la Iglesia, como dijo el emperador ese que su merced antes mentó. Pero yo corro más que ellos. Gano todas las carreras. Diga que no juego por plata.

—¿Y usted cree que esto puede tener arreglo?

—Há'i tener —dijo con los ojos bajos, rayando el suelo con una bota— há'i tener. Tiene que ver usté qué buena es la gente de aquí en el fondo, cuando a uno lo entienden un poco. Malos deveras no debe haber más que uno cada cinco o cada diez. Pero bueno del todo, la broma es que no hay ninguno.

Yo recorro todo el país, al tranco nomás, sin apuro, con este caballo; que cuando él quiere y yo no quiero, vuela. En donde quiera encuentro alguno que quiera vivir bien, le enseño a bien vivir, a veces solamente haciéndole que sí con la cabeza.

Ése há'i ser el remedio. Cuando haya muchos que quieran vivir bien; claro que algunos van a tener que morir ...

—A mí me han muerto —musité—. Yo me doy por muerto.

—Mejor —dijo él—. Así le voy a poder prestar el caballo; que lo que es el suyo, no sirve. De no estar usted desesperao, no se habría sentao aquí; y de no sentarse aquí, no se hubiera encontrao conmigo.

El poderoso silencio nos había envuelto de nuevo: ni soplo de viento, ni una hoja. El tiempo estaba tapado de espesos nubarrones. El animal blanco olía soplando la tormenta. Yo no sabía qué decir. El viejo loco se me imponía.

—Pero ¿por qué? —balbucí—. Pero ¿cómo? ¿Y entonces?

Me había puesto en turbación como un fantasma, si era real o irreal el viejo, no lo sé, pero si no era real, yo estaba más loco que él; porque patentemente lo veía a la luz espesa de la tarde fulva leonada.

—Estos tiempos son demasiado para mí —concluí—, ¿por qué tuve que nacer en este tiempo?

Y lo miré; el viejo estaba montado en pelo y yo no lo había visto montar. Las riendas arrastraban por el suelo y él estaba agarrado a la larga cuna; la cual partida pareja en dos parecía en crenchas plumosas mismamente como dos alas. El viejo tardó en contestar:

—Yo estuve —dijo— con Policarpo obispo de Esmirna, que fue un escritor mediocre como vos... bien sabés, que ahora le dicen San Policarpo cada 26 de enero, porque hizo un milagro o dos después de morir, que en realidad lo mataron, pero mucho pior que a vos.

Cuando el obispo andaba por la calle, porque caballo no tenía y auto mucho menos, y veía venir un grupo de gente, y nianquesea un solo gente, salía disparando a los gritos diciendo: "¿Dios mío, en qué tiempo me has hecho nacer?". Y era obispo.

Yo no digo que no sean malos estos tiempos, pero todos los tiempos han sido malos; y si éstos son los piores, se aplica el refrán que dice: por lo más oscuro amanece; porque todos los tiempos están a igual distancia de Dios. Porque tenés que ganarte la vida haciendo copias a máquina con un solo dedo, ya te das por muerto y condenado, y porque no te dejan acabar un libro y otro libro que publicaste nadie le hizo caso, como si el mundo pudiera salvarse con libros, que ya hay demasiao dellos.

¿Y Jesucristo qué hizo? Mesas y arados y después cantares a su manera, a la manera de aquel tiempo. En este tiempo hay máquinas de hacer versos, dicen, así que Jesucristo se ahorra el trabajo; yo los hago a mano. Pero quería decirte esto: a vos en la escuela te enseñaron una punta de macanas acerca deste país, las creíste —y a mí me pasó lo mesmo— y al llegar a la madurez se te vino abajo el techo y hasta las paredes; así que ahora te das el lujo de hacerte el desesperao y el crucificao. No es para tanto.

—Me vas a decir seguro que el hombre puede vivir sin patria ...

—Patria provisoria tenemos ya basta los hombres solos. Solos hay que andar en este tiempo si uno quiere andar mejor. Cuesta al principio, pero se puede. Las langostas andan en mangas; pero el pájaro cantor, solo.

No has conocido tu vocación, querías sacar premios literarios y andar con el gaterío. Ahora ya sabés; y nunca es tarde. ¡Sé más feliz que yo! —y alzó la voz hasta un grito en el gran silencio.

Sin talonear, el caballo dio un brinco hacia la laguna. Di un grito, pero el caballo no se hundía.

Que me caiga muerto aquí mismo si miento, pero mismamente parecía que volaba. Se perdieron atrás del ombú, y yo mirando a ver si salían, en el cielo por un abra (o clarazón que le dicen) vi el lucero de la tarde.

Cuando les conté todo esto con precaución a dos vecinos, no tuve mayor éxito. Tengo que andar solo, porque la mayoría no creen; y los que creen, a lo mejor creen demasiado.


viernes, 28 de septiembre de 2012

Apokalipsis, conferencias




28 septiembre, 2012 | 

El Apokalipsis según Castellani

Os recomiendo el libro, recientemente republicado en español, que he leído hace poco y que hizo posible que dejara de estar obsesionado, que no preocupado, con la islamización. El libro explica versículo a versículo el libro de la Revelación. Es muy fácil de leer.
Por si no lo hacéis, os pido que al menos leáis esta serie de conferencias de Castellani sobre el Apocalipsis que Radio Cristiandad ha publicado:

[CONTINUAR LEYENDO]

jueves, 27 de septiembre de 2012

Castellani en la UCA: Crónica

Crónica de las Jornadas en Homenaje al Padre Castellani en la Pontificia Universidad Católica Argentina "Santa María de los Buenos Aires" (U.C.A.) aparecida en la revista institucional UCActualidad, año XII, nº  144 (Noviembre de 2011), p. 35.

El programa del evento lo publicamos aquí.

También apareció en este bloc de notas la ponencia del Dr. Sebastián Randle, "¿Quién era Leonardo Castellani? Aproximación a un personaje difícil."

Pinchar para ampliar o descargar aquí.


Borges y Castellani



Borges respetaba, por ejemplo, a Castellani y hablaba con afecto de él y con admiración. A lo Borges, pero lo hacía. Y en parte Castellani también lo trata con afecto y respeta su talento, aunque tenga cosas para decirle y se las diga. ¿Acaso eso hizo que no se separaran? Y más precisamente, ¿acaso se unieron por eso? 
En algún otro lugar, me ocupé de la relación de Borges con Chesterton. No fueron amigos, pero tal vez Borges vivió su admiración como si lo hubieran sido. Y estoy seguro de que Chesterton lo hubiera querido a Borges como quiso a Bernard Shaw, de quien lo separaban la política y cosas mayores. Como a Borges lo separaban de Marechal asuntos parejos a esos, política incluida. Y también de Chesterton, es verdad, como de Castellani, claro.

Cita de Eduardo B. M. Allegri en su nota "Política de mierda", sobre las relaciones entre Borges, Marechal y la política, que recomendamos y se puede encontrar en su bitácora (Es Cosa Mía).



Borges, Sábato y Castellani.
Detalle de una "famosa" fotografía
en un evento al que ya nos hemos referido
en varias oportunidades (I, II, III, IV, V).

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El verbo salvífico de Leonardo Castellani



Bajo el título Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI se acaba de publicar en España una selección de artículos escritospor Leonardo Castellani [1]. La edición, el prólogo y las notas sonde Juan Manuel de Prada.

¿Qué significa sobrevivir intelectualmente? ¿Qué es lo amenazado? ¿Cuáles son las amenazas? ¿Es este conjunto de artículos de Leonardo Castellani (Santa Fe, Argentina, 1899-1981) un manual de supervivencia? ¿Para quién? Supervivencia, ¿en qué territorio hostil?

Juan Manuel de Prada es contundente en su apasionada introducción: «En esta antología el lector descubrirá que nada humano le era ajeno a Castellani, precisamente porque nada humano hay que no cobre sentido expuesto a la luz divina; y descubrirá también en su lectura algo adictivo, que impulsará su inteligencia por caminos nunca antes transitados, robusteciéndola frente al chillido aturdidor de los ineptos, que en estos albores del siglo XXI se pavonean triunfantes. Que Leonardo Castellani sea desvelado hoy al lector español por Libros Libres demuestra, sin embargo, que el triunfo de los ineptos no es definitivo; y, por cada lector que este libro alcance, ese triunfo será más inseguro. Ojalá pronto las obras de Castellani, a despecho de los repartidores de las bulas que manejan el cotarro cultural, sean conocidas por el público español; será un síntoma de que aún no todo estará perdido.»

¿Quiénes son los ineptos que chillan y aturden? ¿Qué es eso que aún no está del todo perdido? Las respuestas a estas dos preguntas se muestran nítidas, sin fisuras, dentro de esta antología: no estaría perdida, del todo, la verdad católica, y la completa regeneración individual y social que promete ese verbo; que sería el verbo: la única verdad, la única esperanza para el ser humano y para la humanidad entera. Esa verdad habría sido revelada por Dios en los Evangelios, óptimamente racionalizada por Santo Tomás de Aquino, entendida en su pureza por Leonardo Castellani y recibida, con gozo, con fervorosa convicción, por Juan Manuel de Prada: «Después de leer a Castellani, tenemos la impresión de ser más inteligentes; y, desde luego, la impresión no es un mero espejismo, pues su verbo ya habita en nosotros».

Los ineptos que aturden con sus chillidos serían, supongo, aquellos que dejan que otros verbos habiten en ellos: verbos que, por no ser el católico -tal y como lo entendió Leonardo Castellani- estarían fuera de la Verdad -con mayúscula-, enturbiándola, molestándola, ensuciándola y, lo que es peor, aturdiendo a los que sí quieren oírla y sí quieren ser regenerados en ella.

Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI. ¿Cómo? ¿Con las ideas de Leonardo Castellani que Juan Manuel de Prada ha seleccionado en esta antología? Eso parece. Y las ideas básicas que permitirían esa supervivencia se muestran claras, desafiantes, honestas -no lo dudo- y sin demasiadas anfibologías, a pesar de la gran variedad y complejidad de los temas tratados, agrupados por el editor en seis grupos: política, España (con su guerra civil), el canon occidental (Joyce, H. G. Wells y Nietzsche, entre otros), la ortodoxia cristiana (de la cual quedaría excluido Teilhard de Chardin, tras ser descalificado previamente como científico y como persona), la educación (en un artículo Castellani reclama que la teología se introduzca en la universidad y que, a la vez, la universidad se introduzca en la teología) y un último grupo de artículos agrupados bajo el título «Digamos la verdad»; ahí encontramos un cuento sobre la imprenta; artefacto éste que, como objeto, es magistralmente descrito por Castellani, para luego demonizarlo en boca de Carlos V.

En el Tratado Teológico-Político Spinoza afirmó que el Estado, por su propia seguridad, por su propia supervivencia, debe garantizar la libertad de pensamiento y de expresión de pensamiento. Más allá de su inquietante estatalismo esta idea sigue siendo un bonito desafío: a la mente, al corazón, a la capacidad de ambos de expandirse, de cobijar. De amar si se quiere. Las ideas de Castellani exigen un enorme esfuerzo de tolerancia, de generoso «cobijo» mental y cordial; precisamente porque no son tolerantes: porque no respetan ese paradigma de la democracia que, al menos en teoría -y, seamos justos, algo más que en la teoría-, estaría basado en la libertad de pensamiento y de sentimiento, en la libertad de culto y de no culto, y, sobre todo, en el respeto, absoluto, irrenunciable, a ese ser inefable, frágil, que es el humano. Todos los seres humanos.

Pero para Leonardo Castellani la democracia es, en realidad, demogresca: una especie de desviación política inspirada en el libro de «un renegado neurótico»: Rousseau. Se trataría, la democracia, de un sistema corrupto «porque yace en un error de fondo». ¿Cuál? La respuesta la encontramos en un artículo sobre Nietzsche: los hombres inferiores se han puesto por encima de los hombres que, por naturaleza, son superiores. ¿Qué régimen político, según Castellani, sí estaría a favor de la naturaleza? Las monarquías cristianas. En ellas se habría producido una especie de equilibrio biológico: «El mandatario supremo venía al trono con la naturalidad de la fruta al árbol a su tiempo. Los hubo de todas clases, desde el santo al malvado; pero raramente el incompetente. [...] Esta fue la sociedad que, malgrado pecados y crímenes, hizo las catedrales y las epopeyas, tanto las escritas como las tácitas; la que hizo las Cruzadas y la Conquista, después de haber hecho la Reconquista. No es añoranza inútil. No es tampoco idealización. Ahí están sus frutos». Quizás habría podido haber considerado Castellani, como creyente en la omnipotencia y bondad divinas, que Dios fuera capaz de participar también en la intrincada red de psiquismos que vibran en una democracia -en una «demogresca»- y que un gobernante electo por soberanía popular lo fuera también por soberanía celestial.

Pero lo menos soportable de la democracia para Castellani fue, probablemente, que permitiera, que consagrara, la -para cualquiera- aturdidora pugna entre los verbos; que quieren serlo todo en el todo del hombre. Pugna: guerras de verbos -de mundos en definitiva- que quieren el todo de la mente y el todo del corazón del hombre; cuyo cuerpo -más frágil, más sensible, que cualquier palabra, aunque sea poética- puede terminar abandonado, despreciado, entre el barro y la sangre. Las opiniones de Castellani sobre la guerra civil española que se han recogido en esta antología son muy desagradables. Pero hay que leerlas, sin prejuicios, abriéndonos a la posibilidad de que nos hagan reconsiderar nuestra mirada; siempre dogmática, cuidado, como aseguró Popper. El caso es que aquella sangre fue «reclamada ante Dios por una gran pirámide de pecados previos contra el pobre, de pecados contra el hermano, de pecados contra el débil, de pecados contra Dios. [...] Y no me parece imposible que en esa mole de pecados que ahora se lava en sangre estuviesen también representados algunos de los que ahora más vociferan: ¡Guerra santa, guerra santa, guerra santa!» Castellani afirma estar a favor de Franco, de su golpe de estado, porque los problemas «no se atajan con gobernantes cortos y caducos que sean excelentes personas privadas, incapaces de matar una mosca. El buen gobernante, que no es igual que el gobernante bueno, debe ser capaz de matar a un hombre, solía decir mi tío». Hay además, para Castellani, un modo «teológico» de ver la guerra civil española: Cristo «Dos veces por lo menos, al principio y al fin de su heroica campaña, hizo manifestación de violencia, no se detuvo ante las vías de hecho».

Si ni Cristo amó siempre, ¿cómo exigir a Castellani, su servidor, que lo haga? Amar y respetar son palabras que se confunden. La falta de respeto por las personas -por algunas, al menos- que muestra Castellani llega a extremos alarmantes, tristes, en un artículo que dedica a Ramón Pérez de Ayala después de haber leído su novela A.M.D.G., o La vida en los colegios de los jesuítas. Castellani escribe cosas así: «¡Qué cochinadas tiene que leer uno en esta vida!»; «¡Qué ignominia de hombre! ¡Cómo se puede ser criminal con la pluma... y obtener honores con ello!»; «Este es un villanazo con alma de Judas». El final de ese inelegante artículo tiene, sin embargo, cierto olor a genialidad y mucha gracia (de la humana me refiero): «Yo ya no soy jesuíta, no tengo cuarto a partir con ellos, no me pagan por defenderlos, más bien me deben plata y aun creo que si me escrudiñaran psicoanalíticamente los retorcidos recovecos de mi pobre subconsciencia, no aseguraré que no se halle por allí un deseo vago de que a los jesuítas -a algunos por lo menos- les encajen un soberano garrotazo en el occipucio. Caritativamente. Para que sean más veraces. Y más honrados.»

El manual de supervivencia intelectual que ha editado Juan Manuel de Prada -«deslumbrado», como él mismo asegura en el prólogo- contiene textos escritos con virtuosismo, con momentos de genialidad, valientes, respetables por tanto; pero no respetuosos. No obstante esa falta de respeto, Castellani parece que fue intelectualmente honesto; si por honestidad intelectual entendemos la expresión del pensamiento sin atención a los beneficios o perjuicios -materiales, sociales, etc.- que esa expresión puede propiciar. La paradoja es que las ideas de Castellani pueden publicarse y leerse en España gracias a la libertad -sí, libertad- imperante en esta aturdidora «demogresca»: a que se ha creado, con mucho esfuerzo, un espacio social gigantesco, casi prodigioso, para que se muestren todos los verbos: todos Verdad con mayúscula desde dentro: todos falsos si se miran desde otro «dentro».

Todos esos verbos quieren ser una prisión para la mente: todos quieren ser un «Matrix» -Juan Manuel de Prada, en su prólogo, hace varias referencias, aunque no explícitas, a la filosófica película de los hermanos Wachowsky-. Y todos, desde su ceguera, desde su ansiedad, desde su miedo, confunden la libertad con la abolición definitiva de los obstáculos que impiden el despliegue infinito de su algoritmo lógico. El gran malo de Matrix -Smith- al ser preguntado por Neo qué es lo que quiere, responde: todo. Lo dice, sorprendentemente, con ojos de miedo. Creo que es el miedo lo que explica el título elegido para esta antología: Como sobrevivir intelectualmente al siglo XXI. Pero creo también que ese miedo es de buena fe. Como todos los miedos. Como todos los verbos; que componen, juntos, un fabuloso arco iris. C

[1] Leonardo Castellani: Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI, Libros Libres, Madrid, 2008.

FUENTE: Cuadernos Hispanoamericanos, nº 707 (Madrid: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, mayo de 2009). http://www.cervantesvirtual.com/descargaPdf/cuadernos-hispanoamericanos-42/